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  Obra dispersa
Santiago Loza
213 páginas; 20x13 cm.
Entropía, 2017
ISBN: 978-987-1768-41-7
 
 
     
   
     
 

«Lo que hay en estas obras de Santiago Loza es el acceso a un momento esencial del teatro: la catarsis, el espejo, la identificación con lo que está sucediendo. Y eso no puede explicarse, eso sucede, ocurre, en el presente. Catarsis como una conversión en uno mismo a través del otro. Hay un momento en el que, por fin, lo intelectual, lo reflexivo, lo lógico desaparece y aparece, de un modo muy profundo, lo emocional, lo primitivamente humano. Ese lugar donde uno puede meterse adentro del otro para reconocer lo propio. Lo que ocurre es, entonces, religioso, en el sentido etimológico del término: la acción de volver a ligar lo que está desligado. Estas criaturas, extraviadas de sí mismas, se vuelven a encontrar, por fin, en el tránsito que recorren. Eso arde en todos estos textos, esa es la gran epifanía: personajes que vuelven a armarse, a reconocerse, que llegan, después de largo viaje, a un lugar donde todas las cosas del mundo arman una suerte de unidad. Y aunque esa unidad no exista, aunque estén quebrados, el deseo máximo de estos personajes, finalmente, es ser y es poder quererse en ese ser.»

Marilú Marini

Contratapa

 

 

 

 

 

 

 

Fotos de tapa:
Camila Trejos
Ernesto Donegana

     
   

(De la obra Esplendor.)

La acción transcurre en un barco pequeño. La fatídica noche en que muere ahogada Natalie Wood. Navegaban junto a ella su hermana Lana, su esposo Robert Wagner y un joven y promisorio actor llamado Christopher Walken. Esta es la historia, totalmente tergiversada, de esos sucesos. 

NATALIE: Yo soy Natalie Wood, oriunda de Lomas de Zamora, nacida en una familia de clase media, descendientes de rusos, gente simple que vivía sin grandes pretensiones. Con los años me convertí en princesa. Tuve un brillo intenso en el cine, teatro, pasarelas. Fui amada y odiada con furor. Muy cada tanto, una plebeya puede acceder a la monarquía. Yo lo hice. Una vez cada cien años una mujer simple se torna extraordinaria. No se sabe por qué. La conjunción de astros, las mareas, los ocultos movimientos terrestres empujan una vida normal hacía el éxtasis de la gloria. Lo tengo que decir. Yo, Natalie, me transformé, casi sin darme cuenta, en una estrella. Me puse al centro del cosmos, me dejé mirar por todos, tuvieron por mí una devoción que jamás sintieron por un mortal. Me volví enorme, desmesurada, encandilante, única. Una construcción magnífica se hizo de mi persona. Tenía un solo pequeño defecto mi espléndida vida: no sabía nadar. 

CHRISTOPHER: Qué extraño y verdoso está este río por el que navegamos.

ROBERT: Está particularmente calmo.

LANA: Nada me inquieta más que la calma.

NATALIE: Anoche mismo soñé con agua turbia, pantanosa, oscura. Estuve por suspender este pequeño paseo en barco pero el malestar del sueño me resultaba inapropiado. Después pensé: Robert dirá que soy una caprichosa. Preferí esconder mi pesadilla. Ocultar mi mal presentimiento.

LANA: Si tenías mala espina, tendrías que haber abortado la idea de navegar.

CHRISTOPHER: Podríamos haber ido al bosque. La tierra firme, la sombra fresca de los árboles. Una cabaña, sin peligro de naufragio. Sin tormentas ni maremotos. 

ROBERT: También el bosque tiene sus peligros. 

NATALIE: No me hagan caso, me desperté demasiado inquieta y algo mareada.

CHRISTOPHER: Puede ser el vaivén de las aguas.

NATALIE: El mareo estaba mucho antes de subir al barco. 

LANA: Inquietud. 

ROBERT: Me gustaría darte calma, mi princesa.

NATALIE: No me beses, hace calor. No tolero ahora el contacto con la piel. Me avergüenza, estoy toda transpirada.

CHRISTOPHER: Aun así, en pleno descuido, se puede notar tu elegancia. No muchas mujeres resisten este sol y el resplandor del agua. Más de una mostraría su vulgaridad en estas excursiones calurosas. 

LANA: Espero que no lo digas por mí. No tengo el encanto que posee mi hermana, pero lo intento. Ella siempre tuvo sangre azul corriendo por sus venas. Yo la miro y me pregunto: ¿qué nos une? Ella es tan pero tan distinguida y yo me paso de común. Me apena ser tan pero tan común y silvestre. Me apena no haber tenido cualidades extraordinarias. 

NATALIE: Esplendor, resplandor, estoy ciega, necesito mis anteojos negros. Toda esta luz me daña la mirada.

 

Fragmento
     
   

Autor

 

 

 

Foto:
Nora Lezano

   
                     

Santiago Loza (Córdoba, 1971) es dramaturgo, guionista y director de cine. Escribió más  de una quincena de obras de teatro que fueron representadas en circuitos alternativos, comerciales y oficiales de la Argentina y en festivales y muestras internacionales. Fue distinguido como dramaturgo con los premios Teatro XXI, Trinidad Guevara y Konex Letras; fue nominado, en diferentes oportunidades, a los premios ACE, Teatro del Mundo, Florencio Sánchez y María Guerrero. Entre sus libros publicados se destacan Adefesio (2005), Textos reunidos (2014) y Yo te vi caer (2017). También en 2017 publicó su primera novela, El hombre que duerme a mi lado.


   

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