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  Biografía ilustrada
de Mishima
Mario Bellatin

106 páginas; 20x13 cm.
Entropía, 2009
ISBN: 978-987-24797-6-3
 
           
    + Bellatin en Entropía  
     
   
     
 

Años después de cometer seppuku, Mishima asiste a la
conferencia de un profesor japonés en la que se exhiben, gracias
a la acción de un artefacto didáctico tan complejo como la
mente humana, ciertos pasajes decisivos de su vida. Entre ellos,
la construcción de una escritura particular como secuela de los
lazos parentales y los viajes que realiza el escritor para justificar
clínicamente su falta de cabeza.
Las fotografías incluidas en este libro despliegan un espacio
paralelo y atraen textos de diferentes épocas que se activan
para refrendar, desde los bordes del enigma, su carácter ritual y
profético. Así, la indagación biográfica adquiere un giro
inesperado al contrariar la idea de que cada acontecimiento es
único para revelarnos rigurosamente que todos los personajes
viven siempre una idéntica trama, con diferentes apariencias.
En Biografía ilustrada de Mishima, Mario Bellatin nos ofrece una
obra maestra de figuras espectrales donde la aspereza de su
prosa es intervenida por una sensualidad controlada y un humor
no exento de malicia. Desde sus páginas, la experiencia física
de narrar radicaliza su punto más intenso de exploración cuando
el texto enmudece y abre paso a las imágenes que señalan,
desde una nueva perspectiva, aquello que la palabra escrita ha
dejado de manifestar.

Carlos Ríos

Contratapa
             
 
                 
Fragmento

17. Piedra llamada “utchu“.

 
     

Autor

 

 

 

 

 

 

 

 

     

Mario Bellatin (Ciudad de México, 1960) es escritor y
director de la Escuela Dinámica de Escritores.
Publicó sus primeras cinco novelas en Perú, donde pasó
su infancia y su adolescencia. Tras estudiar en la Escuela
Internacional de Cine Latinoamericano de San Antonio
de los Baños, Cuba, regresó a México, donde fue director
del área de Literatura y Humanidades de la Universidad
del Claustro de Sor Juana y miembro del Sistema
Nacional de Creadores de México. En 2000, fue finalista
del Premio Medicis a la mejor novela extranjera publicada
en Francia. Al año siguiente ganó el premio Xavier
Villaurrutia por su novela Flores, y en 2002 recibió una
beca de la Fundación Guggenheim.
Parte de su obra fue editada en alemán, italiano,
portugués e inglés, y es objeto de estudio en universidades
de todo el mundo. Entre sus libros publicados se
encuentran Las mujeres de sal, Efecto invernadero, Canon
perpetuo, Salón de belleza, Damas chinas, Poeta ciego,
El jardín de la señora Murakami, Flores, Shiki Nagaoka:
una nariz de ficción, La escuela del dolor humano de
Sechuán, Jacobo el mutante, Perros héroes, Lecciones para
una liebre muerta, Pájaro transparente y El gran vidrio.
Actualmente reside en México.

 
     
           

Reseñas

 

 

 


Moleskine Literario
(Iván Thays)

Bazar Americano
(Sonia Budassi)

Los asesinos tímidos
(Ariel Gamarra)

Esto no es una revista
(Javier Martínez)

El Roommate
(Laura Juliana Torres)

El interpretador
(Eduardo Febres)

ADN Cultura
(Pedro B. Rey)

 

Entrevistas

Crítica de la Argentina
(Roka Valbuena)

 






[Moleskine Literario]

El agujero de la escritura

por Iván Thays

 

La nueva novela de Mario Bellatin es una ralentización que empieza y concluye con unos zapatos abandonados al borde un mirador. En el intermedio, un impecable profesor japonés da una conferencia, acompañada con slides, sobre el gran escritor japonés Yukio Mishima. Lo acompaña en la mesa, en silencio, un escritor que es el espectro del propio Mishima. La novela dura lo que durará la conferencia. El narrador es un asistente silencioso. Y mientras el profesor diserta sabiamente sobre la obra del autor japonés, el espectro de Mishima ve en aquellos slides una biografía ilustrada de su vida póstuma o paralela. Y es que, lo cierto es que la biografía ilustrada a la que asistimos apenas tiene que ver con la “verdadera” vida del narrador Yukio Mishima. Y más bien, se parece muchísimo (en la coincidencia de los títulos y los temas de las novelas, en la obsesión por los perros y las víctimas talídomes, y en algunos datos autobiográficos que pueden rastrearse) a la de Mario Bellatin.

Biografía ilustrada de Mishima es una de las novelas más complejas de Mario Bellatin pero, al mismo tiempo, es una de las pocas que ofrece al lector todas las claves para su comprensión en la propia obra. El espectro de Mishima aparece sin cabeza porque, como se recordará, el autor fue víctima de harakiri y el sepuku ritual. Aquel vacío que representa la cabeza ausente se va convirtiendo en un hecho cada vez más significativo. Al principio, el espectro Mishima intenta pasar la amputación como un efecto secundario del uso de la talidomida. Pretendía así ganarse un pasaje a París y, además, un efectivo. El fin utilitario de su minusvalía es de inmediato rechazado, sin consideraciones, por una enfermera que certifica “amputación”. Luego, el espectro de Mishima busca trascender ese fin utilitario y reemplazar la cabeza con una serie de artefactos que deben dar la apariencia de que ese “vacío” no existe. Del mismo modo como un soldado del ejército reemplaza su pierna amputada por una pierna de plástico, o Mario Bellatin reemplazó en su juventud el brazo faltante por un garfio metálico, el espectro Mishima quiere pasar inadvertida su deformidad sin éxito. Intenta cumplir así con su rol social, aceptar lo que los demás dicen (las deformidades deben cubrirse, esconderse, ignorarse) del mismo modo en que, en una escena memorable, él y su amigo Morita están obligados a comprar un Dodge del vecino que no quieren comprar, y cuyo vecino no quiere vender. El tercer paso es una epifanía. Descubre súbitamente que aquel vacío es el fin mismo de la escritura, de la vida misma. “Un hueco que para Mishima es lo único que parece cierto en la vida” es la información de uno de los slides. Entonces, el espectro Mishima decide convocar a un artista plástico de renombre para que haga una “intervención” sobre su cabeza faltante, que la reemplace por un objeto artístico sin mayor utilidad, de manera tal que “el vacío dejara de pertenecerle solo a él y se convirtiese en un atributo que involucrase a los demás”. Por su parte, hacia el final de la conferencia, el profesor japonés afirma que Mishima “nunca ha existido realmente. Tampoco el aparato didáctico de su intervención, por medio del cual habíamos estado observando una especie de reflejo de la realidad”.

Mario Bellatin creó en El Gran Vidrio una suerte de tríptico que funcionaba como “autobiografía mentirosa” o “autobiografía ficticia”. Uno podría estar tentado a pensar que lo mismo ha intentado enBiografía ilustrada de Mishima. Sin embargo, eso no es precisamente cierto. Dos preguntas atraviesan, de manera lacerante, toda la novela: “¿De qué río se nos habla en ese extraño exilio que es la escritura?” y “¿Qué clase de espanto ha sido capaz de generar una escritura semejante?” (esto último lo dice el espectro Mishima luego de asistir como espectador a una función teatral de su novela Salón de belleza). Ambas preguntas están engranadas con distintas escenas de la novela, en las cuales el espectro Mishima reconoce que no sabe de dónde nacen las ideas ni los libros que escribe. Se ve a sí mismo encerrado en un cubículo rodeado de escritores muertos, espectros como él. El proceso narrativo es un proceso místico, religioso, involuntario, que lo remite tanto a los místicos cristianos como a la poesía sufí.

Si logramos articular la idea de la escritura como un proceso interior donde la consciencia no tiene nada que ver (un vacío simbolizado por la falta de cabeza del espectro Mishima) con la iluminación del espectro Mishima según la cual su vacío debe ser un proceso comunitario, compartido por todos, y no un defecto propio que lo individualiza, podemos entender mejor la conclusión del profesor japonés: Yukio Mishima, como ningún escritor, existen realmente. Todos son espectros, agujeros que se crean cuando la vida no encaja perfectamente, y desde los cuales brota la escritura de manera espontánea, necesaria, como una herida que supura o un océanos que se desborda. Ciertamente, la biografía ilustrada del espectro Mishima nos muestra –esta vez- la biografía y obra de Mario Bellatin. Pero eso es aleatorio. También podría haber mostrado la de cualquier escritor, cualquiera, y todas encajarían. El espectro de Mishima es el espectro mismo de la escritura. Las preguntas latentes (“¿De qué río se nos habla en ese extraño exilio que es la escritura?” y “¿Qué clase de espanto ha sido capaz de generar una escritura semejante?”) son las preguntas que nos hacemos todos los escritores del mundo. Y la falta de respuestas, aquel vacío que es lo único que existe, es lo que permite que la literatura siga existiendo no como un proceso utilitario o rutinario sino revelador y purificador.

Que Mario Bellatin es un “escritor raro” es un lugar común difícil de rechazar. Que escribe siempre la misma novela es otro lugar común, pero ése sí es absolutamente negligente. Las novelas de Bellatin son ciclos que se cierran. 24 horas, 365 días, 7 años, el tiempo es una buena medida para asumir que aunque las cosas se repitan, al pertenecer a ciclos distintos no pueden ser iguales. Cada hecho es incontrastable. Comprarse una bicicleta a los siete años no es igual que comprársela a los 41 años. Enamorarse a los 15 no es igual que a los 60. Las novelas de Bellatin insisten en los mismos temas, cierto, pero aquello en vez de darnos la sensación de rutina o de monotonía debería darnos la idea de lo único e irrepetible que es cada situación una vez que se ha cerrado y comenzado un ciclo. La capacidad para reinventarse en cada novela convierte a Mario Bellatin no solo en un escritor extraordinario sino en una especie de "artefacto" literario o artístico, un proyector de slides donde todas las escenas, incluso las repetidas, cambian constantemente de rol, de lugar y de significado. Las novelas de Bellatin deben leerse como procesos de transformación espiritual pero también matemática. Cada factor nuevo incide sobre el significado de las escenas y muta constantemente su signo.

Bellatin, desde el hueco de la escritura, se convierte no en transgresor literario –como podría serlo César Aira- ni en un escritor de culto –como lo sería Mario Levrero- sino en una suerte de “combinador” de escenas, de mezclador o sampler, un originalísimo artista integral que usa la escritura como un objeto material y cuya trascendencia no está en el futuro sino en el presente, el momento mismo de la ejecución (es decir, de la lectura o la escritura). En ese sentido, Biografía ilustrada de Mishima, como algunas otras novelas del autor, es una obra imprescindible para entender hasta dónde pueden llegar los límites del proceso literario del siglo XXI. Aunque tratándose de Bellatin siempre pueden llegar aún más lejos.

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[Bazar Americano]

Autonomía, histeria y continuidad

Por Sonia Budassi

1- Enfrentarse a la obra de Mario Bellatin es, para algunos, una tarea tediosa; para otros, aborrecible. Para muchos de quienes escriben habitualmente reseñas literarias, resulta apasionante. Es verdad que, al mismo tiempo, es difícil sustraerse de ciertos lugares comunes que se han instaurado, con mayor o menor justeza, en relación a su obra. ¿Qué sucede entonces alrededor de Mario Bellatin? Omitamos la respuesta, condenada a ser errática o falaz. Hagamos una enumeración, digamos acotada, incompleta.

*Desde hace unos años, el mejicano cuenta con el festejo casi unánime de un sector importante de los críticos argentinos.

*Muchas veces la desidia hace que aquellos objetos que resultan esquivos, difíciles de asir, generen manifestaciones producto de la inercia: adhesiones o crispaciones como resultado de una consolatoria simplificación; del afán por seguir o despreciar al “autor de culto” y participar en algo tan efímero como puede ser una moda en el campo literario.

*No hay que desdeñar el hecho de que, cuando un léxico ajeno a la literatura se proyecta sobre un autor, se generan, con perdón de la obviedad, lecturas indisolubles a la figura de ese mismo escritor (En varias oportunidades, Bellatin aparece mencionado como una “celebridad” y se le atribuye un campo semántico cercano al del “rock star”. El Gran Vidrio (Anagrama, 2007) tenía una faja y contratapa que citaban a Patricio Lennard: “Mario Bellatin se ha convertido indiscutiblemente en una de las estrellas literarias de la escena latinoamericana actual”. Eso puede generar ciertos prejuicios. Como también ciertas poses, que lo colocan del lado del “escritor sofisticado” y lo asocian a una ironía “aristocrática”.

Pero hay otras cuestiones que refieren, a grandes rasgos, a sus textos:

*Bellatin retoma artilugios conceptuales y formas de producción de las vanguardias históricas; y en este sentido, críticos como Juan Terranova, han dicho que su literatura esretro. 

*En su obra suele inscribirse, con mayor o menor eficacia a lo largo del tiempo, su propio aparato crítico; el autor deja hilachas para tejerlo de manera articulada por fuera y al interior de sus textos.

* Si el territorio de la literatura puede ser el de la indeterminación y no el de la asfaltada superficie de la certeza, Bellatin es capaz de llevarnos directamente, en ocasiones, al extremo del hermetismo y de una pretenciosa ambigüedad.

*Bellatin plasma la sensualidad de lo hiperanalizable, realizando o reforzando operaciones que van desde los gestos copistas borgeanos a simpáticos mix de toques autorreferenciales. Por no mencionar las paradójicas respuestas que concede en algunas entrevistas, su actividad en la Escuela Dinámica de Escritores y sus performances.

Y, si asumimos que cualquier texto es, voluntariamente o no, metaliterario, obras como Biografía ilustrada de Mishima funcionan en ese sentido de manera enfática.

2- Cada libro de Mario Bellatin sostiene, con respecto a los anteriores, la interesante histeria que proviene del cruce entre la autonomía y la continuidad de su mutante “obra completa” (la obra: un patchwork). Al intentar leer críticamente un nuevo título, es inevitable pensar en aquella frase de Graciela Speranza sobre la obra de César Aira. La crítica afirma que resultan inútiles “las disquisiciones habituales sobre la prolija lectura textual de la obra aislada”. Es conveniente relativizar aquella sentencia por un momento: habrá libros que al mismo lector pueden resultarle engorrosos y pretensiosos. Habrá otros que provocarán un efecto de lectura distinto. Se me ocurre Jacobo el mutante (Mansalva), como ejemplo del primer caso y Los fantasmas del masajista (Eterna Cadencia) como ejemplo del segundo.

3- A esta altura, en que han circulado algunas reseñas contundentes es probable que el lector conozca la historia de Biografía ilustrada de Mishima. (Digresión: hay novelas en las que Bellatin juega deliberadamente a la estructura errática; otras, como ésta, en que avanza en una dirección).

Resumamos: Mishima, un personaje con puntos de contacto con el escritor japonés, y con Mario Bellatin  (desde las alusiones al síndrome talidomínico, a los títulos de sus novelas, la poesía sufí, etc) muere decapitado. Que “muere” es una forma de decir: “En esos momentos no existía la tensión nerviosa que solía experimentar, la que se instauró en su vida especialmente después de su muerte”, se lee. En Biografía... el autor vuelve a recrear un clima onírico; el poder premonitorio del sueño –y la escritura, para Bellatin, comparte la misma cualidad–  y un universo ubicuo, herencia de misticismo católico –la figura del limbo–, de la filosofía espiritista, y del surrealismo, que hace posible la convivencia de espectros con seres “vivos”. Mishima decapitado concurre a una conferencia que un profesor da sobre él y, como los asistentes, somos testigos del racconto de su vida.

4- Ya se ha señalado, a veces con claridad, otras de modo implícito, que éste también es un libro sobre “el vacío” como condición de posibilidad de la literatura. La cuestión se reafirma en el texto con imágenes pesadas que van desde la carencia de cabeza del personaje a la contemplación de unos zapatos al borde de un precipicio o la mención a un bungalow en lo alto de una montaña que permite tener una mirada inaudita de la ciudad.

Si el exquisito Los fantasmas del masajista empezaba –una y otra vez– recapitulando información, Biografía ilustrada de Mishima vuelve de una nueva manera –una y otra vez– sobre los mismos problemas, al punto de alcanzar la densidad esquiva y potente de la que es capaz la pregunta más honda; el relato más extremo, la retórica filosófica más áspera. La maquinaria del relato, entonces, escande narrativamente otro camino. El profesor da su conferencia con una máquina que muestra lo real: un “simulacro” de realidad, que nos permite ver una proyección de la vida de Mishima. Entre otras cosas se nos cuenta, por ejemplo, que tuvo con la fotografía una relación extraña: tomaba fotos que nunca se revelaban o, directamente, no usaba rollos. Se habla de “fotos espectro”. El campo semántico del abismo y la vacuidad también se despliega en múltiples formas a lo largo de la narración.

5- Se duda sobre la naturaleza de la escritura. Se recoge el fantasma, la falta, el vacío, como un lugar desde el cual crear. En un momento, el personaje concluye sobre la “cabeza” y la “creación de palabras”, que “no podía existir una sin la ausencia de la otra”.

6- La pregunta, hacia el final, es: ¿Qué es lo alegórico, qué es lo real? En la relectura de las novelas que escribió considerándolas realistas, antes de que lo decapiten, Mishima ve ahora el desarrollo de imágenes que significan otra cosa.

7- “De qué río se nos habla en ese extraño exilio que es la escritura?”, es la pregunta recurrente. El camino que señala el transcurrir de la novela es barroso; el escritor no puede poner distancia, ni pie firme; las prótesis que llenarían el hueco de la parte escindida no funcionan, y todo eso vendría a configurar un ars poética.

8- La lectura podría volverse un tedio si el texto se entregara a la especulación lógica y a las disquisiciones filosóficas. Por suerte, Mishima tiene dimensiones atrayentes que el narrador cuenta con pericia, diversificando anécdotas y escenas, como la que refiere a la felicidad que le pudo provocar una circunstancia doméstica, con un pájaro enjaulado. O cuando intenta y fracasa ante condiciones materiales –quiere cobrar un subsidio mintiendo– u otras formas de enfrentarse al otro. En este sentido, Bellatin da un paso más, no sólo conjurando el estigma y la discriminación social ante quien no tiene lo que el resto, sino trasladando ese problema a los demás. Ya resignado a no insistir en ocultar su falta de cabeza (como exigen las cirugías reparadoras y las prácticas ortopédicas), el personaje convocará a un artista plástico para que cree sobre ese espacio vacío un ornamento mediante el cual no sólo él, sino todos, pudieran hacerse cargo de la monstruosidad. Así llega un momento en que el espectro se suspende, por un rato, por la alteridad. Y cierta desviación trasciende el culto a la conciencia individual y queda inscripta, también, cuando se expone el problema de las convenciones sociales. El protagonista y su amigo Morita se ven compelidos, por presión de una tía, a comprar un auto que ninguno de ellos desea.

9- Sin clausurar sentido pero sin caer en un pretensioso hermetismo, Biografía... interpela y da vueltas a una pregunta hasta el fondo, la procesa y la descompone en el intento de decirla de todas las formas posibles, como quien quiere atrapar la neblina que cae sobre una ciudad.

10- La escritura de Bellatin juega con su propia idea de que “el lenguaje nunca es lo suficientemente escaso”. La austeridad en el uso de adjetivos se combina, por otra parte, con la necesidad de escribir con otros recursos como la fotografía. Ya lo hizo varias veces antes, aunque en Biografía... el efecto parece ser un poco más radical.

Cuando termina la segunda parte del libro, el lector siente algo parecido a esos monjes que se tiraban a las aguas profundas del estanque: “Cayeron muy hondo y experimentó cada uno a su manera la desesperación del ascenso. Lograron, felizmente, salir todos a la superficie”. Bien podría aplicarse ese movimiento a la experiencia de lectura que provoca el libro. Hasta que pasamos al apartado de las fotografías, todas con epígrafes, e irrumpe la sombra de una sonrisa, levemente irónica, del narrador, que nos hace de pronto salir de ese estado; entonces, las preguntas sobre la productiva vacuidad se desvían en un juego que aliviana, un poco, todo lo anterior.

11- Una pregunta final, marginal, sobre el proyecto Bellatin. Tratemos de conceder para luego impugnar un proceso inherente a la producción de sentido. Es necesario estar alertas a aquella teoría según la cual lo que vemos son ideas que representamos de acuerdo al conocimiento previo que ya tenemos de ciertos objetos y problemas. Si superamos esto es, de todos modos, imposible sustraerse a la tensión que se genera entre el más profundo compromiso que manifiesta Bellatin cuando recrea elementos con los que ha trabajado antes. Si Biografía... retoma preocupaciones, tópicos, procedimientos y, en algunos casos, los reformula superando el horizonte de expectativas, también es posible preguntarse hasta cuándo y cómo podrá sostenerse, entonces, en el futuro, semejante proyecto; hasta qué punto la proliferación de cada texto y de cada operación bellatinesca no terminará representando un estadío epigonal; de qué forma continuará el ambicioso enjambre artístico-conceptual del escritor y bajo qué nuevas acciones podrá eludirse la obturación de sentido.

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[Los asesinos tímidos]

Biografía ilustrada de Mishima

Por Ariel Gamarra

 

Mario Bellatin, o mejor dicho: su narrativa, se ha venido independizando cada vez más de lo que se puede denominar “la realidad”. El universo donde sus ficciones suceden no es el de lo maravilloso, lo real-maravilloso ni lo fantástico, ya que esta tipología de ficción literaria está ligada a la verosimilitud y se apoya en una poética orientada a que el lector crea, al menos mientras lee, lo que se le cuenta, pues el efecto estético del relato depende de un poder de persuasión considerado fundamental. La ruptura de Bellatin con la tradición, su acercamiento a la literatura del absurdo, consiste en hacer claramente perceptible lo ficcional de sus textos, contra toda pretensión de que el lector viva sus relatos.

Así, sus personajes habitan lugares descontextualizados y lo que acontece se da en contradicción con los principios lógicos, sicológicos, naturales y sociales en función de los que actuamos. Estas características, que para nada perturban la nitidez de su prosa, están muy presentess en este libro, Biografía ilustrada de Mishima, publicada por Editorial Entropía. Y lo están a tal punto que en algunos pasajes de esta breve novela el interés puede menguar, pero en ningún caso caerse del todo, dada la maestría con que Bellatin mantiene siempre seducido al lector.

Biografía Ilustrada de Mishima, narra lo que le ocurre al escritor Yukio Mishima, después de que le cortan la cabeza. Mishima, quien se suicidó en 1970 siguiendo el ritual japonés tradicional (primero comete sepuku, o sea, se destripa con una daga, y luego se hace decapitar por otra persona), relata sus viajes y experiencias. Para él, la acefalía funciona como motor del quehacer literario mientras busca llenar aquello que lo hace sentir incompleto.


Esta edición incluye un dossier fotográfico que ilustra las escenas del libro. Las imágenes, tomadas por el autor, cuentan nuevamente la historia de Mishima, abriendo perspectivas inesperadas para entender la novela.

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[Esto no es una revista]

Yourcenar + Bellatin = Mishima

Por Javier Martínez

En el año 1970, Yukio Mishima realizaba, con su muerte ritual, uno de los actos que más repercusión tendría en relación a su figura pública. El seppuku, que lo inscribió en un lugar en el que la fascinación, la curiosidad, el morbo –entre otras «cualidades occidentales» que le quepan al rito del suicidio por evisceración por mano propia– , ha echado luces y sombras sobre sus producciones, fueran novelas, obras de teatro, un guión para una película o la formación de una milicia privada. Ese ejército que, desencantado de la posición política y moral del Japón que le tocó en suerte vivir, formó para tomar el poder y reinstalar el modus vivendi tradicional japonés: el imperial. Darle de nuevo su lugar al Emperador de las tierras del sol naciente, no era en Mishima una puesta en escena, una mera nostalgia por buenos tiempos pasados de férrea moral; sino una posición activa, la búsqueda de restituir un lugar de poder y un modo de ejercerlo; un cómo estructurar la sociedad y ubicar a los sujetos que la componen. Y lo llevó hasta las últimas consecuencias, al suicidio ritual que terminaba con un fiel amigo o ladero decapitando al penitente; una forma de suicidio en mano diferida, en definitiva, un corte de gracia para no extender el sufrimiento más allá del salto al vacío de las tripas, ya que todo seppukubien realizado no conlleva la muerte en forma inmediata.

Diez años después de esa muerte ritual, luego de haber tomado con su milicia el cuartel general del ejército japonés en Tokio y fracasar en su arenga a las tropas oficiales para dar un golpe de estado, la escritora francesa Marguerite Yourcenarescribió un ensayo biográfico, en el que tomó como ejes dos de los libros fundamentales de la producción del japonés, fotos de su vida y el suicidio ritual como una de las formas del vacío al que refiere su título: Mishima o la visión del vacío. A propósito de esta obra, el profesor Óscar Galindo hace una observación muy acertada en su artículo Los pactos biográficos: Mishima o la visión del vacío de M. Yourcenar: “Seguramente, toda biografía de un escritor escrita por otro escritor implica un doble movimiento. Por una parte, es una mirada sobre el escritor y su obra que sirve de objeto de estudio. Por otra parte, una mirada sobre sí mismo, sobre el propio biógrafo. En tanto mirada sobre el oficio de escribir, la biografía se convierte en autobiografía” (1). El acierto está en que la visión del vacío que propone Yourcenar se trata, precisamente, de una mirada; de una implicación del sujeto en aquello que es objeto de su interés. Yourcenar nos regala una maravillosa obra de escasas páginas, en las que sus preguntas se entraman con las de Mishima; en la que bucea en los símbolos no para darles sentido sino para crearlo a partir de su mirar, de su leer, de su tamiz personal sobre la palabra ajena. Una biografía hecha de retazos que habla del vacío, que no es sino abstracción de la vida y de la muerte, de la tensión atávica de nuestro tránsito en la vida. En ese punto, el devenir de Mishima sujeto le sirve a Yourcenar para reubicar su obra (donde el su tiene ya otro sentido acerca de la obra: de la propia y la del japonés); para proponernos una mirada sobre la invención, la reinvención y la muerte del escritor; producto de la palabra, efecto del lenguaje.


Estas reflexiones sobre la biografía de Mishima, volvieron a actualizarse, para quien esto escribe, a partir de la lectura de otra mirada sobre vida y obra el escritor japonés: Biografía ilustrada de Mishima, novela breve de Mario Bellatin. La potente escritura del mexicano propone (quizás más allá del propósito de su autor) una lectura complementaria, imperfecta como toda complementariedad, con el ensayo de Yourcenar. El eje de la narración es una conferencia que da un profesor sobre Mishima y la que el espectro decapitado del escritor presencia. La conferencia, a su vez, se articula en base a una serie de fotos sobre la vida del escritor que el espectro mira con atención y a partir de las cuáles vuelve sobre esos momentos, esos fragmentos caprichosos, para que las preguntas que antaño se hacía se actualicen. En el modo ficcional elegido por Bellatin, el vacío es, también, uno de los puntos en los que se anuda el relato. Y ya no tiene que ver con el suicido ritual sino con su consecuencia: el vacío que la decapitación ha dejado sobre sus hombros, falta que es marca y que el espectro tratará de poblar con sucedáneos de la cabeza perdida; siempre fallados, siempre fallidos. Uno de los momentos ricos de la novela es una evocación que el espectro hace: un vecino de la hermana de la madre de Mishima tiene un automóvil que no quiere vender y que él y su amigoMorita no quieren comprar, sin embargo, la tía intercede y, honor mediante, obliga a ambas partes a cerrar una transacción comercial indeseada. Ese sentido del honor, del compromiso, es el que, en la vida real de Mishima, llevó a Morita a ser el ejecutor de su decapitación, fallando tantas veces que cedió su lugar a otro de los adláteres del escritor devenido general de un ejército paralelo. Parecen ser esas fallas, ese contínuo errar y sus consecuencias lo que construye la pregunta recurrente del espectro: pregunta que insiste en hacerse presente: “¿Qué clase de espanto ha sido capaz de generar una escritura semejante?”. Y si, retomando los conceptos de Óscar Galindo, uno de los movimientos de la biografía de un otro es el rasgo autobiográfico, Bellatin incluye, más allá de las referencias a los talídomes, la serie de fotos que el profesor exhibe en la conferencia. Pero, en este caso, son fotos tan arbitrarias como lo es la escritura: de otros tiempos, de otros cuerpos, de esos otros que podrían ser uno.

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[El Roommate]

Biografía ilustrada de Mishima

Por Laura Juliana Torres

 

¿Qué clasde de escritura instituye una biografía post-mortem? ¿Es que acaso sólo después de muertos “los escritores se encuentran ya preparados para entender los símbolos a partir de los cuales construyeron su trabajo”? (51). En Biografía ilustrada de Mishima, a diferencia de otros libros biográficos sobre el escritor japonés que sirven de posibles subtextos a la novela (como Confesiones de una máscara del autor nipón o Mishima y la visión del vacío de Yourcenar), Mario Bellatin propone como protocolo experimental la idea de una biografía que se inaugura con la muerte: “¿Qué clase de espanto ha sido capaz de generar una escritura semejante?”(49). La novela cuenta las peripecias de un Mishima descabezado después de cometer seppuku. Es precisamente los detalles de las circunstancias que rodearon la muerte del novelista japonés la única referencia rigurosamente biográfica que toma Bellatin de su vida. El suicidio ritual de Mishima en 1970 fue televisado por los medios, por lo que pudo ser observado en el mismo instante en que se llevaba a cabo. La fascinación de Bellatin por un tipo de lógica de producción que impone una forma específica de recepción –la impresión de que un determinado acto es experimentado de la misma forma en la cual fue ejecutado– parece inspirar la trama del libro.

Mishima, uniformado y desmochado, asiste con una solemnidad más bien cómica a una conferencia sobre su vida. Por motivos al parecer pedagógicos, un académico experto proyecta escenas de la vida de Mishima con un misterioso aparato. La narración dura el tiempo virtual de la proyección. A su vez, la escritura se construye a partir de bloques de texto cercenados por oraciones cortas, escuetas y de una desgarbada distinción. Cada párrafo desarrolla un transe de escritura en la vida de Mishima, inducido por experiencias paralelas a la realidad: la toma de fotografías con una cámara para niños, la zambullida en un estanque con monjes sintoístas, la contemplación de un polluelo despedazado por sus pares, el consumo de la droga sildenafil citrati … Estas visiones se entrelazan con el recuento de las infructuosas gestiones hechas por un Mishima empobrecido para remediar su ausencia de cabeza. La administración de esta “oquedad” genera una reflexión sobre una forma de obra particular dedicada a la reparación del vacío con “la esencia de una artificialidad extrema”: una máscara kabuki, un set de piezas-cabezas (prótesis que recuerdan al lector el garfio de cierto escritor). Se aspira a la conversión del hueco – la impronta del accidente- en un experimento controlado, en el espacio vaciado de una instalación. El libro concluye con cincuenta fotografías a color. Cada pie de foto comenta y amplía escandalosamente los detalles más azarosos de la narración. Las imágenes crean la ilusión de que la narración de la novela es el producto, el material excedente, del orden contingente de las fotografías. Sin embargo, la sobreposición de ambos órdenes parece corresponder a una lógica de desacreditación mutua.

Si en Shiki Nagaoka: una nariz de ficción las fotografías falsifican la supuesta existencia del escritor japonés, en esta ocasión Bellatin ficcionaliza a Mishima al ilustrar desfachatadamente su biografía con el archivo de sus fotos personales. Biografía pertenece a una serie de intervenciones donde el novelista contamina o “inocula” el espacio de la ficción con la autobiografía, pero una autobiografía “desfigurada” por la faz de un autor japonés. (Ya en su artículo “Kawabata: el abrazo del abismo,” Bellatin plagia artículos críticos de otros autores sobre su propia obra, y los hace pasar como sus ideas sobre el Nobel japonés). En , Mishima narra la experiencia de asistir a la representación teatral deSalón de belleza y cómo de esta manera logró “leerse a sí mismo,” alcanzar una inusitada exterioridad. Tal vez sea ésta la función de la autobiografía en Bellatin: un conjuro homeopático para la despersonalización, la conversión ciega de la vida en escritura, como un texto que se recita a sí mismo, un autómata, un cuerpo que se mueve sin cabeza, una biografía post-mortem…

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[El interpretador]

Mishima por Bellatin

Por Eduardo Febres

UN maestro japonés fue el inventor de la “máquina didáctica” que muestra lo que vemos de la vida y obra de Yukio Mishima. Incluso el recinto educativo donde se imparte la conferencia sobre Mishima es proyectado por esta máquina, que el narrador (quien se encuentra entre el público) describe como “una suerte de aparato a través del cual, una vez instalado, se comienza a mostrar una especie de película de la realidad”.

DOS preguntas movilizan la trama en la Biografía ilustrada de Mishima: “¿de qué se nos habla en ese extraño exilio que es la escritura?” y “¿qué clase de espanto fue capaz de provocar una escritura semejante?”. La proyección, la conferencia y la vida de Mishima (que hacia el final de la conferencia el maestro japonés califica de inexistente) son el vehículo con que se transita la indagación de esas interrogantes.

TRES títulos de la obra de Mishima se mencionan en la conferencia: El jardín de la señora Murakami, Salón de Belleza y Damas chinas. Y en este momento de la conferencia (acerca del que no miente el narrador cuando dice que fue “la sorpresa mayor que ofreció Mishima a los presentes”) es cuando se esclarece, llevándolo al extremo, el artificio con que el autor ha estado hablando, hasta entonces de un modo más críptico, de sí mismo y de su obra.

CUATRO o cinco datos biográficos del autor (que probablemente el lector conoce por la vida pública de este) y el título de esas obras acercan la figura de Mishima y la figura de Bellatin, a un punto que a ratos parece metonímico: ambos son talídomes, ambos se someten a “sesiones de fotos en las que buscaba emular cierta iconografía donde se mezclaba el dolor y el placer”, y a ambos le falta un miembro del cuerpo: a Bellatin, un brazo, y a Mishima, la cabeza.

CINCO o seis datos de la vida de Mishima alejan su figura, ya no de la de Bellatin, sino de lo meramente humano. Mishima sigue viviendo después de un suicidio asistido, que consistió en que su mejor amigo lo decapitara; Mishima devora corazones hervidos de pollos sacrificados que su tío le envía; Mishima va a almorzar en un cementerio. La vida de Mishima, puesta en escena en un show de recinto educativo, opera como metáfora del distanciamiento que el autor establece entre él y su obra para reflexionar en torno a ella. Un episodio de la proyección, en el que Mishima asiste a una puesta en escena de su libro Salón de belleza, condensa esa metáfora: “En aquel teatro fue la primera vez que pudo leerse a sí mismo”, dice el narrador. Entonces lo toma “un trance casi hipnótico” y surge la pregunta: “¿qué clase de espanto ha sido capaz de generar una escritura semejante?”.

CINCUENTA Y CINCO páginas de texto le lleva a la vida de Mishima agotar la escritura. Y todo parece dispuesto para que, cuando el lector llegue a la secuencia de fotografías que le sigue a estas páginas, haya alcanzado el “cierto estado de éxtasis” que el narrador ha advertido al inicio de la conferencia, en algunos asistentes. La biografía recomienza, ahora en fotografías de distintos grados de definición y texturas. Todas van acompañadas de leyendas irónicas, de un desenfado que roza a veces el ludismo infantil, pero que, cargadas del relato que les precede, adquieren una densidad que parece destinada a generar en el lector el “incontrolable estado de exaltación” del que fue presa Mishima cuando asistió a la puesta de Salón de belleza.

LA ANTEPENÚLTIMA fotografía muestra a Bellatin junto a una mujer mayor, con la leyenda “pareja de analistas que trabajó el caso Mishima”. Y en este punto, podemos pensar en este libro como una máquina ficcional (“una suerte de aparato”) con el que el autor jugó a estar entre el público leyéndose a sí mismo.

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[ADN Cultura]

Biografía ilustrada de Mishima

Por Pedro B. Rey

La concisión y la escasez de adjetivos es una de las marcas de Bellatin. Esta breve novela sigue los pasos de Yukio Mishima, el autor de El pabellón de oro. Lo curioso es que lo hace después de que éste hubiera cometido aquel famoso seppuku en el que, literalmente, perdió la cabeza. Acéfalo, el escritor japonés asiste a una conferencia sobre su obra, viaja a París para un estreno teatral, recuerda, escribe cartas. Biografía ilustrada... no aspira a la literatura fantástica, tampoco al absurdo, aunque fantásticos y absurdos sean sus efectos. El raro limbo en el que se encuentra el protagonista, todo un dispositivo narrativo, permite en realidad atisbar por fragmentos una vida que se va volviendo para siempre ajena. El apéndice fotográfico no funciona tan bien como en el previo Shiki Nagaoka.

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[Crítica de la Argentina]

"¿Dónde estará la cabeza de Mishima?"

por Roka Valbuena

Mario Bellatin afirmó por escrito, desde una computadora radicada en el extranjero, que, tras un año inquieto, lleno de viajes, afortunadamente está muy bien. Lo cubre, al parecer, una paz madura y define su actual estado de ánimo como calmadamente contento, como si fuera, dijo, un anciano sabio. Pasó el año recorriendo muchos países, cumpliendo el riguroso calendario de un escritor importante. Cruzó fronteras dando conferencias y explicando a los lectores sus nuevos artefactos literarios. Terminó muy cansado, no escribió mucho, no recuerda siquiera todos los libros que publicó y, tras cerrar la ruta de la promoción, concluyó esto: “Descubrí mucha realidad e irrealidad”. 

Eso sí, hace unas semanas, el incansable rapado de México, Bellatin, manco célebre, propietario de una lujosa colección de garfios, brindó el último suspiro artístico del año viejo: en la Argentina, editorial Entropía publicó Biografía ilustrada de Mishima. El libro trata, lógicamente, de Mishima, quien asiste a una conferencia que un profesor japonés brinda en su honor. El problema es que Mishima es un exótico caballero al que Morita, un amigo, le cortó la cabeza con un sable. Mishima, por ende, transita por la vida totalmente muerto y descabezado. Y, mientras asiste de forma clandestina a la conferencia, Mishima va recordando sus variados encuentros con otros espectros, otros muertos con los que se ha ido topando. La obra se complementa con cuarenta y nueve fotografías que retratan el mundo de Mishima. Fotos urbanas que constituyen el acostumbrado toque Bellatin, la construcción de una mezcolanza de formatos, el texto y la imagen, ambos de la mano en tan solo 106 páginas. “La Biografía Ilustrada de Mishima necesita de los dos para cumplir con su supuesto cometido”, aclaró el autor. 

Mario Bellatin, al ser consultado por Mishima, se vio francamente sorprendido: “Sabe Dios quién es ese sujeto. Ni el profesor que lo presentó en la conferencia lo sabe. Es uno de los tantos fantasmas que recorren el mundo y que de vez en cuando se le suben a la gente cuando duerme”. Bellatin confesó, además, ignorar el destino de la cabeza de su personaje. “¿Qué habrá sido de la cabeza de Mishima?, suelo preguntarme. Su vida o su muerte me interesan más que el destino de aquella cabeza cercenada”, acotó y luego reconoció que Mishima, en su calidad de espectro, lo pasa muy bien. No tiene las manos atadas, dijo. Organiza proyectos de muy diversa índole y parece, señaló de forma críptica, que suele gustarle la construcción de agujeros.

–¿Y usted cree que hay, en el planeta, un lugar en que se juntan los espectros?
–Sí, claro. En mi casa, por ejemplo. Está llena de espectros. También en los congresos.

–¿Siente que es uno de sus libros con más humor?
–No –dijo con precisión y Crítica de la Argentina sintió la arremetida de un complejo de inferioridad: quizás, leyendo las peripecias de un protagonista sin cabeza, percibió sensaciones humorísticas justo donde un espectro iba sufriendo. Y Bellatin explicó entonces que el humor es algo difícil de definir. Él piensa que no lo ha logrado: “Se habla mucho del humor y, generalmente, quien cree saber de qué va es el más serio de todos”.

–¿Qué significado le da a Biografía Ilustrada de Mishima dentro de su obra total? –preguntamos, recordando a un crítico peruano, Iván Thays, quien señaló que el libro es esencial para comprender las creaciones de Bellatin.
–Ninguno en especial. Es un libro desprendido, como una rama de algo más grande que todavía no tengo claro qué es.

–¿Y por qué escribe tanto de japoneses?
–Porque casi no los conozco. Y espero, además, no ir nunca a ese país.

–Perdone, pero, ¿su cabeza, la suya, Mario, está en su sitio?
–La última vez que se lo pregunté a mi acupunturista me dijo que estaba un poco de lado. Por eso la energía de las agujas no la abarca de la forma como debería hacerlo. Siempre me he preguntado en la extraña capacidad que tenemos los seres humanos de saber que la cabeza se encuentra donde está. Veo a mis perros con detenimiento y no estoy seguro de que cuenten con esa certeza. 

–¿No le gustaría que su cabeza se escapara?
–Claro que deseo que a veces se escape. En el libro la encontré, por ejemplo, bien colocada al lado de la de la madre de César Aira.

–Y si usted, como ocurre con Mishima, se viera en la obligación de deambular sin cabeza por la ciudad y además completamente muerto, ¿qué cosas haría?
–Me metería en un cuarto oscuro, en una mezquita, en un baño público. En alguno de esos lugares donde se tiene la sensación de que la realidad corre de manera independiente, regida por las normas que le queramos dar. Puede ser que también me refugie frente a una computadora y de una vez por todas pueda hacer realidad uno de mis sueños: escribir.

–¿Pero usted, director de la Escuela Dinámica de Escritores, ese proyecto que levantó en México, no es un escritor dinámico? ¿Considera que no escribe mucho? 
–No, y lo hago cada vez menos. Lo dinámico lo quemo en cosas concretas de la vida y eso me causa algo de angustia.

Su angustia artística no lo invade totalmente. Mario Bellatin confesó que su última risa sucedió cuando comprendió que es capaz de escribir las cosas que le apetecen, o las cosas que le parecen justas. Su alegría literaria, incluso, se vio amplificada con una última satisfacción humana que se dio al recoger un perro de la calle que tiene alma de actor. En fin, 2009 lo destinó a viajes que lo cansaron, a entrevistas que lo estorbaron y lo cerró con este libro, Biografía ilustrada de Mishima. Ahora, en 2010, el año en que cumplirá 50 años, irá tras su contradictorio sueño. Escribir. “Aunque”, admitió otra vez, “cada vez que lo intento constato que es algo cada vez más lejano”. Pareciera que, por alguna razón, el hombre que ha escrito alrededor de treinta libros todavía sueña con ser escritor. Claro que, al menos por estos días, esquiva la ansiedad simulando ser un anciano sabio y viviendo, calmado, junto a ese actor que tiene cara de perro.